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El proyecto ofrece un sistema urbano, de edificios, infraestructura civil ferroviaria y paisaje. En su construcción, la estación se constituye mediante grandes elementos apuntalados de hormigón blanco definiendo, mediante el lenguaje de este sistema constructivo y las posibilidades de los voladizos de cuerpos y marquesinas de hormigón, cada una de las situaciones relacionadas con el tránsito, límite y protección de los usuarios: accesos, espacios intermedios, vestíbulos y nave central. La cubierta, resuelta en materiales ligeros y suspendida mediante nueve arcos metálicos que descansan en los volúmenes principales de hormigón, planea sobre el interior disponiendo una composición triangulizada y flotante de luz, reflejos y geometría constructiva. En el exterior, y en condiciones nocturnas, los arcos aportan su iluminación como nueva iconografía, escenografía, de la Zaragoza del siglo XXI.