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Arte y Arquitectura: Norman Foster (Ivorypress)

Arte y Arquitectura: Norman Foster (Ivorypress)

23/02/2010

La huella de Lord Foster es alargada. Las creaciones del arquitecto inglés, que ganó el premio Príncipe de Asturias de las Artes en mayo, son cada vez más visibles en los cinco continentes. Él es el primer gran arquitecto de la era global, el pionero en anticipar la única polis posible en el siglo XXI, basada en el desarrollo sostenible y la libertad personal y social. De su estudio ha nacido el Banco de Hong-Kong y Shangai, que le dio a conocer mundialmente en los ochenta; el aeropuerto de Stansted en Londres; la cúpula de vidrio del Reichstag alemán y el puente más alto del mundo, que se eleva a 243 metros sobre el río Tarn (Francia) y que sobrepasa en 23 metros la altura de la Torre Eiffel. En España, le debemos la torre de comunicaciones de Collserola en Barcelona y el rascacielos de Caja Madrid en la capital de España, entre otros. En reconocimiento a su obra, el espacio Ivorypress exhibe en Madrid durante todo septiembre Arte y Arquitectura: Norman Foster, una muestra que reune más de cien dibujos, cuadernos de notas y maquetas del estudio Foster+Partner, que hoy cuenta con un millar de empleados y oficinas en más de 20 países.

Cuando pone en marcha un proyecto, pasan 10 o 15 años hasta que puede verlo construido. Mirando atrás, ¿tiene predilección por alguna de sus obras? ¿Se arrepiente de alguno de sus trabajos pasados?

Tanto yo como el resto de mi equipo estamos orgullosos y satisfechos de todos los edificios en los que hemos participado. No obstante, en todos los trabajos en los que me implico siempre me queda la sensación de que podrían mejorarse. La creatividad es todo ingenio, es un valor en constante ebullición, y siempre tienes la tentación de empezar todo desde el principio. En este sentido, he de decir que nunca estoy completamente satisfecho: es como estar siempre persiguiendo el final de un arcoiris.

Lleva cuatro décadas dedicadas a la arquitectura. ¿Cuál ha sido el impulso o ambición que ha conducido su carrera?

"Hoy, más que nunca, es necesaria cierta sensibilidad con la naturaleza"
La arquitectura me interesaba desde mucho tiempo antes de ser consciente de que podía dedicarme a ello. Desde joven, ya observaba edificios y me sentía inspirado por ellos. Diseñar es emocionante, su fin es mejorar la calidad de nuestra vida cotidiana. El diseño está muy relacionado con la gente, con la comunicación, la motivación y quizás lo más importante con la capacidad de escuchar.

¿Cree que los arquitectos deben trabajar escuchándose a sí mismos, al cliente que les paga o al lugar en el que desarrollan sus proyectos? ¿Han cambiado estos parámetros durante su carrera?

Los arquitectos tenemos una doble responsabilidad: por una parte, nos debemos al cliente al que vendemos nuestros servicios, pero también al dominio público, a las necesidades de la gente, que son materiales pero también emocionales y espirituales. Estos elementos han sido siempre una constante desde el principio de mi carrera, estuviese diseñando un mueble o un aeropuerto. Creo que sólo hay tres parámetros que el arquitecto ha de tener en cuenta: el tiempo, el dinero y su creatividad. Éste último es el elemento decisivo: muchos de los mejores trabajos arquitectónicos nacieron a partir de presupuestos muy apretados.

"Nos debemos a las necesidades emocionales de la gente"
Últimamente se habla mucho de la arquitectura-espectáculo, que ha hecho que muchos estudios construyan edificios sin tener en cuenta el entorno en el que van a estar situados. ¿Es para preocuparse?

Yo sólo puedo hablar de mis propuestas. Reconocer, respetar y fortalecer la cultura de un lugar su historia, sus costumbres es esencial para lograr el éxito de cualquier proyecto. Pero sí: los arquitectos tenemos todavía mucho que aprender sobre las tradiciones. Por otra parte, hoy más que nunca, es esencial cierta sensibilidad hacia la naturaleza. Nuestro objetivo es utilizar la orientación del sol y la dirección del viento para optimizar el uso de la energía, ser lo más autosuficientes que podamos. Para conseguir esta sostenibilidad hay que conocer muy bien los recursos locales y el clima. También hay que respetar las peticiones locales, lo que significa que las formas y los espacios estarán muy relacionados con cada lugar.

¿Cree nuestras ciudades merecen esta arquitectura-espectáculo?

De nuevo, he de decir que sólo puedo hablar de nuestros propios proyectos. Pienso en el Museo Carre dart de Nîmes o en el HQ Ipswich project, que fueron pensados específicamente para el lugar en el que están emplazados. En Nîmes, el museo recrea las formas de las calles y estructuras romanas que lo rodean. De la misma manera, la construcción en el mercado ambulante de Ipswich acompaña al camino serpenteante de sus calles medievales. En ambos casos, los edificios respetan la altura del resto de edificios. Nuestros proyectos no sólo respetan cada lugar, sino que además se convierten en parte suyo.

La arquitectura refleja toda una era. ¿Cómo cree que será la arquitectura del siglo XXI?

"El fin del diseño no es otro que mejorar la calidad de nuestra vida cotidiana"
La arquitectura del futuro, por necesidad, tendrá que dirigir la crisis ecológica global. Echando un vistazo a la historia, comprobaremos que periodos de recesión como la Gran Depresión produjeron algunas piezas arquitectónicas fundamentales, como el Rockefeller Center o el Empire State Building. Con la crisis ecológica pasará lo mismo. Ahora mismo, los edificios absorben la mitad de la energía consumida en el mundo desarrollado. Otro punto importante es el transporte. Junto a los edificios, suponen el 70% de la energía que consumimos. Espero que las fachadas de los edificios en el futuro sean capaces de conservar e incluso de renovar energía.

La arquitectura española ha sido reconocida en los últimos ocho años. ¿Cuáles cree que son sus puntos más fuertes?

España es un país precioso con una rica arquitectura y un enorme patrimonio cultural. Podría decirse que lo tiene todo: montañas, una línea de costa sensacional y vida urbana, además de agricultura, minería e industria. Además, los proyectos que han tenido más éxitos son los más sostenibles, los que respetan los espacios naturales o la existencia de los espacios urbanos. Los mejores edificios se aprovechan de las vistas, el clima y la luz. Por otra parte, la mejor arquitectura española combina la sabiduría de las tradiciones y la tecnología contemporánea. Podría decirse que son síntomas internacionales. Nosotros intentamos crear espacios que sean especiales y cómodos, tanto dentro como fuera de los edificios.

¿En qué proyectos trabaja ahora mismo su estudio en España?

Hemos trabajado en la remodelación del Camp Nou en Barcelona y ahora en una de estación de ski (en Cerler, Huesca). En este proyecto buscamos una integración de espacios y personas, para que convivan con la mayor comodidad posible. El arquitecto debe trabajar con el entorno, con el paisaje, aprovechar las vistas para crear un agradable microclima, que se pueda estar en el exterior incluso cuando haya viento. Cuando se trabaja en estos espacios hay que tener en cuenta que se pasa mucho tiempo en el exterior.

Los grandes maestros como Frank Lloyd Wright o Paolo Soleri construyeron sus propias comunidades en EEUU, hoy llamadas workshopers. ¿Está interesado en crear escuela para compartir su experiencia con los arquitectos jóvenes?

Tiendo a rechazar etiquetas acerca de lo que hago y nunca he querido crear una escuela. En lugar de eso, he intentado rebasar los límites de lo que es posible en mi trabajo por mi cuenta y me enorgullece ver el trabajo de muchos arquitectos jóvenes que intentan hacer lo mismo.

¿Cuáles serán sus próximos proyectos?

Como optimista que soy, quiero pensar que los mejores trabajos están todavía por llegar. Continuamos intentando entrar en nuevos mercados, como Suramérica e India.

www.publico.es

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