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Un emplazamiento privilegiado en Madrid, en la confluencia de la M-30 y la Avenida de América, dominando una excepcional vista sobre el perfil de la ciudad, y la M-30 entendida como un atractivo río de vehículos en movimiento que rodea el edificio.
La propuesta entendimos todos, arquitectos y propiedad, que debía responder por igual a:
• Potenciar su condición de mirador privilegiado.
• Domesticar la agresión del duro clima madrileño de fuerte radiación calorífica y lumínica.
• Controlar la agresión sonora de las vías que circundan el edificio.
• Garantizar una iluminación natural difusa, sin claroscuros, y sobre todo sin las distorsiones cromáticas de los vidrios de alto control solar.
• Apostar por crear un hito singular escultórico dada su vocación de edificio destinado a albergar una sede institucional.
Como dificultad añadida, nos planteamos dar respuesta adecuada a estos condicionantes y objetivos mediante el diseño de una fachada utilizando medidas pasivas, con materiales no sofisticados, de costo razonable y, sobre todo, que no reclamen una gestión compleja y costosa.
Nos planteamos intentar convertir esta experiencia en un paso decidido hacia delante en la búsqueda de edificios más sostenibles.
Demasiado ruido, 80 decibelios; demasiada intensidad y horas de radiación lumínica; y, demasiada carga de radiación solar.
Para ello recurrimos a un elemento clásico de la arquitectura popular, el alero, dimensionado de tal forma que impida en verano, otoño y primavera que la radiación solar llegue a la fachada, mientras que en invierno la radiación incida en las fachadas lo suficiente para ayudar a atemperar el interior del edificio, romper las ondas sonoras y convertir la radiación lumínica directa en indirecta.
Mediante un trabajo conjunto con ingenierías de instalaciones, de iluminación, de acústica y utilizando modelos virtuales, se llegó a un dimensionado equilibrado de una secuencia de aleros horizontales estratégicamente situados para conseguir domesticar las agresiones exteriores, manteniendo la visión desde el interior del espectacular horizonte que ofrece la singular posición de este edificio.
Rehabilitamos íntegramente un edificio para albergar una nueva sede corporativa, rodeado de otros edificios que a modo de catálogo exhiben sus fachadas de cristal anónimas, con poco valor arquitectónico, que se distinguen por medio de llamativos anuncios luminosos.
Del edificio original rescatamos su esqueleto estructural, redefinimos nuevos interiores y formas de uso.
El edificio se envuelve con una fachada de vidrio Neutralux de Cristalglass, formado por luna exterior de 6 mm, cámara de 12 y luna interior 4+4 Acustex, con lámina acústica L9, sobre una carpintería de aluminio sencilla Schüco R-65 sobre la que se superponen una secuencia de lamas horizontales de GRC, sujetas por medio de una estructura oculta de acero zincado. Mediante la alternancia en horizontal y vertical de las 826 piezas totales se modela la fachada como una escultura que cambia continuamente según el punto de vista, opaca desde la proximidad, desmaterializada desde la lejanía pero siempre transparente desde el interior.
El comportamiento del edificio en temporada de refrigeración (6 meses al año) se resume en:
• Reducción del 62 % de la radiación solar incidente en fachada.
• Ahorro de 108.369 Kwh de consumo eléctrico neto.
• Reducción en 40 toneladas de la emisión de CO2 a la atmósfera.
Objetivos cumplidos con el diseño de una fachada de 707 €/m² y con un mantenimiento desde el interior sin tener que recurrir a sistemas mecánicos complejos.
Gracias a la depresión natural del terreno respecto de la Avenida de América, se plantea un acceso al edificio bajo rasante compartido por peatones y vehículos, no penalizando superficies potenciales de oficina.
Por el mismo motivo, se dota al edificio de una planta basamento abierta al jardín, con gran calidad ambiental, aislada del ruido y las vistas del entorno agresivo, de uso exclusivo de oficina, sobre la que se apoyan el resto de plantas del edificio. Se logra así aumentar la superficie útil de oficina confortable sin aumentar la edificabilidad.
En plantas tan pequeñas (520 m² útiles de oficina) y en edificios exentos, la repercusión de la fachada tiene una influencia vital en los costes tanto de construcción como de explotación y mantenimiento, por lo que la solución a adoptar constituye la diferencia entre el éxito y el fracaso del proyecto.
La escala es otro de los aspectos primordiales que condicionan la opción elegida. Entre edificios de mayor tamaño, la presencia del edificio de Colonial se destaca subiendo el cerramiento de fachada hasta la cubierta, envolviendo y tapando las instalaciones allí dispuestas con el mismo tratamiento que el resto de la intervención.
De noche, el edificio alcanza la distinción mediante una iluminación exterior inversa a la iluminación diurna, con focos colocados de tal manera que unas lamas arrojan sombra sobre las otras, destacando su movimiento, sus formas. |
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